Maneras de vivir

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En la antigua China, todo consejero del emperador debía cumplir el principio de gobierno justo y, en consecuencia, las palabras debían significar su contenido efectivo. Pero en estos tiempos de algarabía, insultos y mala praxis periodística la política de la palabra viene determinada exactamente por todo lo contrario. El trumpismo se distingue, sobre cualquier otro rasgo característico, por la disociación cognitiva, por maneras distintas de contar lo que se vive traspasando los límites de la razón de lo que otrora los portavoces de los significantes flotantes venían explorando. Aunque la obligación de dar publicidad al contenido de la interlocución y dejar registro de la acción política es consustancial a la democracia, la charlatanería insulsa, la beatería de consumo y los discursos de saldo y ocasión se han instalado en nuestro sistema informativo acentuando las discordancias de los dichos y los hechos.

En un tiempo de bulos y desinformación, en un mundo donde a todos los niveles se generaliza la razón cínica, atender a las prácticas que acompañan los discursos es el primer paso para dejar en evidencia a los odiadores profesionales. Contra la premeditada política del opio entontecedor de las pantallas, contrario a la frónesis, frente a la contemplación del bien común como fuente inmediata de conducta, conocimiento y acción moral, es hora de vindicar la salud pública, un orden del discurso y del dominio público que cuida las formas y el sentido originario de la palabra enunciada.

La libertad política resulta de la situación y contexto histórico. Si se adultera, violenta o intoxica, la libertad es socavada. Por ello, necesitamos más democracia, y normas sancionadoras frente a los abusos de hecho. Libertad, responsabilidad y sanción como garantía contra los liberticidas que minan la confianza de la población tergiversando dichos y hechos. Se trata en fin de decir lo que se hace, hacer lo que se dice y cultivar el principio de diálogo público, como nos legó Julio Anguita, con coherencia y rigor. Otra manera de decir e intervenir públicamente antagónica a la de los que viven por encima de nuestras posibilidades, que, por cierto, no olvidemos, tienen nombre y, sobre todo, apellidos.

Decía el bueno de Juan de Mairena que el problema de España es la fragilidad de la cultura oficial. Un país con una derecha atrabiliaria, un líder de la oposición cansado de repetir lo mismo, en lo que no cree, una izquierda dividida y titubeante y una monarquía corrupta y en huida o caída libre, da para cualquier cosa. Por ello, precisamos fortalecer las instituciones democráticas ante aquellos que están enrocados en la lógica destituyente, sea para invalidar la ley Montoro (la relación inversamente proporcional entre riqueza y transparencia), para combatir el despojo de la oligarquía económica que, por sistema, oculta los intereses y manejos de la acumulación por desposesión o, simplemente, para poner en evidencia la ley de la dominación (la relación directamente proporcional entre la violencia del discurso contra toda regulación y la corrupción sistémica que se alimenta de la nostalgia de la cultura del estraperlo). La misma del rey emirato, que acaba de publicar sus memorias, y tararea suspiros de España, con la impostada reacción de la prensa escandalizada que siempre colaboró en imponer un tupido velo en torno a las fechorías del campechano. Todavía hoy no desclasifican los papeles del 23F que retratan a la corona como lo que es: fascista y contraria a la democracia. Ya lo dijimos cuando nadie se atrevía a hablar. No hay reconciliación posible, la monarquía es una porquería. Y los Borbones, la Casa Real, una cueva de ladrones que ha enmierdado por siglos España. Conviene recordarlo cuando todavía hay quien se altera por una portada de El Jueves o por el grafismo de programas como Cachitos de Plata y Cromo. Ante la crisis institucional de la corona y los comisionistas que viven a expensas del erario público, la pulsión plebeya ha dictado sentencia. Se acabó. Los tiempos del singular en primera persona, de la hermandad de la saca, la retórica grandilocuente de los vendepatrias y expropiadores de lo común que hablan de infierno fiscal mientras viajan a Ginebra, o trabajan para los grupos del IBEX35 de espaldas al escrutinio público, ya no cuela. Y por más que se empeñen los amigos de Milei, los de la libertad retrocede, en ocultar las fechorías anulando toda fiscalización, de Baleares a Andalucía, la pulsión plebeya anuncia movimientos tectónicos. La sociedad civil organizada no va a cesar de exigir sistemas de información públicos, registros de los grupos de interés y gobierno abierto. Mientras, los de siempre, abonados a la escuela austriaca, quieren, como el trumpismo, socavar el dominio público de la información institucional. Se creen, como Milei, los listos o avispados de la turma. Pero no pasan de giles. Como demostrara un sabio amigo, a un pendejo se le reconoce porque va de listo, no es consciente de su estupidez supina, y no resulta más que un cantamañanas a lo Frigodedo, que no sabe del frío ni de la intemperie pues siempre se lo lleva calentito, y tiene la desfachatez, a lo Martínez el Facha, de no dejar de señalar al adversario. Pero, hete aquí, que la estulticia es del orden de la avaricia. Y, por fortuna, la teología política de la imbecilidad no se sostiene en el tiempo.La verdad del ser humano, sentenció Juan de Mairena, es la tontería inagotable y en algunos casos, como la derecha ultramontana de este país, agotadora. Pero la ilustración oscura no es ilimitada ni sostenible en la democracia deliberativa, no puede perdurar sin dominio público, ni el debido respeto o cuidado del ámbito de lo común, aun considerando el eco y alcance que aparentan tener en la calle.

Decía Pierre Bourdieu que el Estado es la base de la integración lógica y de la integración moral del mundo social y, por lo mismo, el consenso fundamental sobre el sentido que define la propia condición de los conflictos requiere la organización y la forma, sistemas de información, que hagan posible la convivencia democrática. O, como decía Gramsci, un cierto orden. El discurso de la derecha ultramontana persiste en su modelo plutocrático de dominio de la oligarquía financiera y el tecnofeudalismo sin sustento ni consistencia. En estos delicados momentos, la disyuntiva, es elegir entre socialismo o barbarie: o avanzamos en información y transparencia protegiendo las normas de obligado cumplimiento, la ley y los canales de acceso y participación ciudadana, o se impone el dominio de los falsos patriotas, impostores del orden que atacan la justicia social y al propio Estado, restringiendo por la puerta de atrás derechos fundamentales.

La sociedad reclama cada vez más transparencia. Tenemos la obligación de fomentar esa cultura de la información accesible y agilizar los cauces para ofrecerla frente a la opacidad. Por ello, es hora de desplegar herramientas normativas en defensa del control social democrático. Por con/ciencia, porque todo debate contrario al registro y los sistemas de información compartida no tiene otro cometido que validar el dominio atado y bien atado de los intereses creados. Y ya es hora de pedir la paz y la palabra porque sabemos que es posible otra forma digna de vivir.

Presentación del libro «Medianálisis», un análisis crítico de la mutación cultural de los medios

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Este viernes 24 de octubre tendrá lugar en Sevilla, la presentación del libro de Francisco Sierra Caballero, «Medianálisis. Dialéctica de la actualidad informativa», editado por la Asociación Cultural y Científica Iberoamericana (ACCI).

“Medianálisis”, es un libro de crítica mediática que compila artículos, intervenciones y escritos diversos publicados a lo largo de los últimos cinco años en medios nacionales, con aportes y elementos para el debate sobre la calidad democrática de nuestro ecosistema informativo.

En el libro, el autor analiza la mutación cultural de los medios en la era digital que proyecta un futuro de contradicciones e incertidumbres que suponen una amenaza para la democracia y la propia pervivencia de la humanidad. Inteligencia Artificial, déficit democrático en el acceso y la organización de las industrias culturales, sobreabundancia de información, nuevas formas de dominio, generan una crisis de confianza respecto a la mediación mediática.

El libro trata de la apropiación corporativa de la expresión pública, control ideológico propio de un capitalismo de vigilancia, que restringe las libertas públicas y conculca los derechos fundamentales como el derecho a la comunicación. Infocracia tecnofeudalista, lo denomina Sierra Caballero, su autor, quien partiendo de un análisis crítico de esta coyuntura, propone vislumbrar alternativas de futuro y ensayar utopías digitales de progreso.

«El libro —dicen sus editores— es una aproximación exploratoria de los principales debates contemporáneos de la comunicación, escrito al cabo de la calle, entre el periodismo, la insumisa lectura radical de la historia y la política de lo común».

Francisco Sierra (www.franciscosierracaballero.net) es Catedrático de Teoría de la Comunicación e Investigador del Instituto Andaluz de Investigación en Comunicación y Cultura (INACOM) en la Universidad de Sevilla. Fundador del Grupo Interdisciplinario de Estudios en Comunicación, Política y Cambio Social (www.compoliticas.org), ha trabajado como experto en políticas de comunicación, nuevas tecnologías y participación ciudadana en la Comisión Europea y otros organismos internacionales como la UNESCO y UNASUR. Ex Presidente de la Unión Latina de Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura (www.ulepicc.org), ha sido Director General de CIESPAL y Presidente de la Confederación Iberoamericana de Asociaciones Científicas y Académicas en Comunicación (CONFIBERCOM), en la actualidad es Director de la Sección de Comunicación y Cultura de la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM).

La presentación será este viernes 24 de octubre a las 19:30h en Sevilla, Casa de la Provincia, Plaza del Triunfo s/n y acompañarán al autor:

Rafael Rodríguez, presidente de la Asociación de la Prensa de Sevilla.

Rosario Pérez Cabaña, profesora del Centro Universitario San Isidoro.

Francisco Correal, periodista.

Juan Carlos Fernández Serrano, profesor de la Universidad de Sevilla.

Iker Jiménez

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Los poderes hegemónicos en España hace tiempo que están explorando la salida reaccionaria ante la crisis de régimen que se vive. El éxito electoral de Alianza Catalana, y antes Alvise, da cuenta de un rearme del discurso y las organizaciones ultramontanas, con el PP a la cabeza, al tiempo que en los sectores  populares se da un elevado número de abstencionistas. La estrategia es clara y definida y los portavoces o cámara de eco del discurso restaurador actúan en consecuencia en nuestras pantallas. Uno de ellos es el ínclito y ubérrimo Iker Jiménez, una caricatura de Mortadelo y Filemón que no merecería ni una línea en esta columna si no fuera por su efectividad mediática. Y que cuenta, como pregona en la autopromoción del canal, con verdaderos expertos. Una nueva categoría a tomar en cuenta, porque suponíamos que los tertulianos son todólogos que sirven para un roto y un descosío, pero ahora resulta que tenemos expertos, hemos de suponer, gente especializada que nada saben, y expertos de verdad, de los que saben: de OVNIS, terraplanismo, conspiraciones y vacuidades variadas, como es habitual en el programa Horizonte, encefalograma plano, o Cuarto Milenio. Todos abonados al formato Código Cero, esto es, ni suman, ni restan, ni reconocen las leyes de la ciencia ni de la historia. Ante la crisis ecológica, moral, y de reproducción del capital los mercaderes de la moral y las vidas ajenas dan una vuelta de tuerca y nos llevan a la estratosfera o a la prehistoria con un claro objetivo: olvidar las cuentas a base de cuentos. Mientras IDA articula TRADWIFE, COUP of COFFEE en Madrid, la polarización y clausura del espacio público por los portavoces de la santa alianza con el discurso y proyecto ultramontano de Familia, Tradición y Propiedad nos somete a una dialéctica del terror en forma de verdadera invasión de los cuerpos. Iker Jiménez es, en esta operación, un maestro de ceremonias significado en la estrategia de roll-back con la vuelta al discurso de Gonzalo de la Mora sobre la decadencia de occidente.

El recuerdo del pasado es proyección del mañana, claro está. La estrategia de desestructuración de la memoria de la extrema derecha es una divisoria abismal e ideológica contra la justicia, la fraternidad y la pedagogía política de la esperanza. Contra el reformismo, en fin, y la regeneración social, y de la vida, desde un punto de vista genérico. Pues vuelven al culto a la muerte y al más allá: Plus Ultra. Desde este punto de vista, la querencia por lo paranormal es congruente con la necropolítica. Así, el movimiento reaccionario NRx es tan ultramontano como de ultratumba. La política de la muerte es la licuefacción siliconizada de la vida. La ingeniería de la cosificación, el viejo topo de la historia que alimenta un movimiento soterrado de odio de la cultura plebeya contra las promesas incumplidas de la democracia. No es iliberalismo. Para los plutócratas de Wall Street y Silicon Valley, tanto monta, monta tanto, la gestión pública es una cuestión de empresa, el Estado un negocio y los ciudadanos simples accionistas. Deduzca el lector que hemos de elegir, si se puede, como Presidente, viendo lo que nos proponen los adoradores de Trump. Incalificable por ejemplo el programa de loas al gestor tecnócrata de la Generalitat de Valencia por no ser político sino un militar con experiencia de gestión de crisis en la reconstrucción. Y es que el movimiento ideológico  contra la ilustración y los valores republicanos de la soberanía popular tiene por objetivo claro la destitución y la clausura de toda participación y democracia. Los numerosos voceros de la Santa Alianza vienen trabajando este relato no ya con Trump, sino desde Reagan. En Fox News, en Silicon Valley, desde Heritage Fountadion, la autodenominada internacional libertaria y populista nos quieren imponer una estrategia de articulación política de un marco cognitivo de comprensión que sustituye la realidad por palabras, como parte de la operación lingüística y performativa en la que tratan de robarnos la vida. Nombrar y cambiar la realidad, sea del Golfo de México a la propia idea de paz, he ahí la cuestión anticipada por Orwell.

Lo que no esperábamos era la invasión militar de las fuerzas especiales en nuestros platós. Bien sabíamos que EE.UU. tiene más de 175.000 estadounidenses en 159 países con un gasto de 886.000 millones de dólares. Tenían que terminar canalizados en nuestras pantallas y siempre hay manijeros o capataces dispuestos a ganar su jornal con ventaja y sin miramientos. El presentador delegado de Lockead Martin, Northrop, o General Dynamics, de Silicon Valley, y el complejo industrial militar del Pentágono lo tiene claro. Así que prepárense para la operación de inversión semiótica.

Del Tratado de No Proliferación y el Tratado de Prohibición de Ensayos Nucleares a la expansión de la OTAN, los voceros de la Santa Alianza nos declaman fenómenos paranormales para imponer el negacionismo climático, cuestionar la hoja de la ruta de la seda e incluso los diálogos QUAD. En suma, para camelar a la audiencia para el cálculo del Capital y robarnos la vida y toda esperanza.

Instalados en el orden del Deep State, a lo Qanon, el neofuturismo trampista que pasó de la cultura de la ufología al negacionismo, de los fenómenos paranormales a la vindicación golpista del escuadrismo paramilitar, de la información pseudocientífica sobre fenómenos anómalos, a colaboracionista de los macarras como Peter Thiel (Fundador de PayPal) o el Instituto Cato para vindicar a Paca la Culona, la nueva deriva ultra derechista nos cerca y prácticamente estamos siendo cautivos y desarmados. Tenemos la suerte que nuestra gente ha abandonado la información de actualidad. Huyen de los medios convencionales, inmersos en una crisis de credibilidad irreversible. Pero mientras tanto un país con una derecha atrabiliaria, un líder de la oposición cansado de repetir lo mismo, en lo que no cree, una izquierda en huída o caída libre, y unos sectores populares desilustrados da para cualquier cosa.

No creemos que el presentador de Planeta haya leído a Hans-Herman Hoppe y al anarcocapitalista Jullius Evola o Thomas Carlyle. Iker es más del Marca y de veneración a la tecnocracia. Se entiende con razón las crisis reputacional de los medios, y sus lógicas de tematización de la agenda pública, en medio de la infodemia. En la batalla de la atención, la saturación y dependencia publicitaria, que socavan a diario las políticas editoriales de cualificación, veracidad y deontología profesionales, todo vale. Y como las audiencias son listas como los ratones coloraos, mientras Iker conspira, las multitudes bailan. Siempre venceremos, porque somos partisanos de la poética del encuentro, sea en forma de kizomba o verbena popular. Hablamos de la incandescencia del propio movimiento de la vida, la estética iluminista de la seducción y el goce pagano, del deseo, quilombo o quimbundo de la fiesta y del deseo de la pulsión plebeya. Como bien supo ver el bueno de Pasolini, el ser humano es siempre una revuelta en acto. No hay Horizonte mediático que pueda impedirlo.

Dura lex, sed lex

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Decía Pepe Mujica que la vida nos enseña que siempre se puede estar peor. “La realidad social puede ser injusta y llena de desigualdades, pero hay que luchar por la democracia. Vale la pena. A pesar de todos los pesares. No se puede ser neutral. Estamos en plena revolución tecnológica que hace posible entrar y controlar la conciencia de las grandes masas. Ninguna dictadura en la historia de la humanidad ha tenido esos recursos. Hoy sabemos que esto existe y todos nos debemos comprometer, pues la batalla por la democracia está lejos del fin. Tengo esperanza en el ser humano. Cuidemos la democracia”.  El consejo es del todo pertinente. Haríamos bien en tomar al pie de la letra la advertencia del viejo líder del Frente Amplio uruguayo hoy que la democracia vive amenazada por la ultraderecha y los magnates del capitalismo de plataformas.

El principio de la publicística “luz y taquígrafos” es contrario al ruido y las interferencias. Luego hay que procurar evitar la lógica del escuadrismo contrario a este principio. La ilustración oscura es un oxímoron. El exabrupto y la barbaridad es propio del género de la astracanada, una representación de opereta de mala calidad que oculta los intereses en juego, el muro de Wall Street al servicio del cual están los agitadores violentos de la ultraderecha, figuras del antiperiodismo que invaden el Congreso con el fin de violentar el decoro y la convivencia y hacer del espectáculo grabado una caja suculenta a golpe de clickbait. Todo ello en el marco de la impunidad y de la agenda oculta de la ultraderecha destituyente que ataca sistemáticamente nuestro sistema de representación. La reforma del Reglamento del Congreso responde a una necesidad sobrevenida ante la gravedad de las actuaciones del escuadrismo mediático en defensa de la profesión y colectivos como la Asociación de Periodistas Parlamentarios que sufren a diario la violencia de la vanguardia de la ilustración oscura.

Decía Jesús Ibáñez que la lógica de captura de las clases dominantes en este país siempre opera con opacidad. La caja negra es la lectura normalizada que comparten cuando hablan del principio democrático de luz y taquígrafos consustancial al parlamentarismo. Y, por ello, al igual que Ellon Musk, no quieren norma alguna que delimite su acción arbitraria. Las leyes las definen ellos. Pero sabemos que sin norma impera el abuso de quien tiene el poder de decir y hacer sin límite alguno, una anomalía por cierto en el contexto europeo, si se hace un análisis comparado. Urge por ello acometer esta asignatura pendiente de la democracia y abrir el debate en la esfera pública sobre el papel de los medios y las mediatizaciones que experimenta nuestro sistema político, con más falencias que potencialidades, desde el punto de vista de la calidad y del debido pluralismo interno. Tiempo pues de vindicar la ejemplaridad y cualificación de la democracia deliberativa. Por principio, todo representante público, y todo mediador, los profesionales de la prensa en particular, han de defender el interés público y cultivar la virtud y ejemplaridad propia de servidores públicos. Desde este punto de vista, la cortesía parlamentaria no es otra cosa que la traslación del imperativo categórico kantiano en el funcionamiento de la cámara.

La democracia es convivencia y el juego de mayorías y minorías, con respeto al pluralismo, siempre desde la educación y la atención al otro. Democracia casa mal con delación, señalamientos y formas de hacer y decir que violentan principios constitucionales elementales y el propio reglamento de la cámara sobre decoro y respeto a la palabra. En el caso de algunos medios y supuestos periodistas que operan en el Congreso lo menos grave que se puede decir es que han incumplido la debida cortesía como norma de comportamiento, abusando de su posición privilegiada para generar impactos rentables mediante la provocación, a lo Trump, en una manifiesta conducta de mala praxis deontológica, denunciada incluso por la FAPE. En el trasfondo de esta deriva, persiste una cultura de la impunidad que ha traspasado los límites de lo razonable. Todas las fuerzas parlamentarias hemos sido claros y unánimes en esta apreciación, salvo PP y VOX, la Santa Alianza ultramontana, que confunde libertad de expresión, con arbitrariedad, derecho de la libertad de prensa con la infoxicación y la mentira, y autonomía de los medios con concentración de las empresas periodísticas aliadas a sus intereses. En definitiva, defienden, dicho irónicamente, un solo mundo, y una única voz, la de ellos, aunque sea disonante y desafine. No son afectados, como es evidente, por estas actuaciones irregulares en el Congreso.

En las dos enmiendas a la totalidad presentadas por ambas formaciones coaligadas, se limitan a defender el artículo 20 con medidas austericidas, prohibiendo el uso de lenguas cooficiales, y confundiendo ejecutivo y legislativo para reducir el número de comisiones. Ninguna de ellas relativas a la Comunicación. Pues, a juicio del PP, la Presidencia puede actuar de oficio con el actual reglamento en la mano. Y lo hacen al tiempo que vienen afirmando en tribuna que la Presidenta tiene secuestrada la cámara. Suponemos pues que en la espiral del disimulo se trata de seguir con los efectos visuales, con los trampantojos, para mostrar lo que no es, para engañarnos diciendo defender la libertad de prensa cuando están alineados con Trump y su proyecto político de guerra cultural, censura y liberticidio. Ello explica no solo su aislamiento en la cámara en esta y otras cuestiones centrales y su nula capacidad de interlocución que niegan además al resto de fuerzas parlamentarias.

Sabemos que toda mediación y representación pública exige la escucha activa. La esencia del ser humano es el diálogo y por lo mismo la principal tarea de un periodista es la atenta escucha. Además del derecho a preguntar tiene el deber de escuchar al otro. Y respetar los turnos de palabra. El justo nivel de la comprensión humana y de toda crítica, el principio fundamental de todo demócrata, pasa por saber escuchar y hablar en un reparto justo, ordenado y proporcional de tiempos y turnos. La hinchazón, la provocación castiza, el arrebato sin seso, la provocación e impericia, el aldeanismo cerril y otra suerte de comportamientos contra la mayoría no son aceptables. Quienes militamos en la pedagogía de la esperanza no renunciamos a educar en la convivencia democrática pero parece tarea imposible con la deriva trumpista de la derecha ultramontana. El ensimismamiento de los partidos derechistas y sus terminales mediáticas parece abonado a la lógica de la embestida. La cámara de eco, la reverberación de un único discurso de odio y redundancia, la falsedad y mixtificación como norma, la epifanía de la verdad y la evidencia imponiendo a golpes una lógica tautista, de aislamiento, de negacionismo, que no tiene por objeto otra cosa que generar desconfianza y derruir las bases de representación y de la democracia es una amenaza para la dinámica parlamentaria y ha de ser atendida empezando por recordar que no hay democracia sin normas. Cuando la mala praxis deontológica impide la democracia deliberativa y el periodismo parlamentario se ve obstruido y amenazado por la violencia, es preciso tomar medidas. Es una cuestión de calidad democrática y de garantías constitucionales. DURA LEX, SED LEX.

Medianálisis. Dialéctica de la Actualidad Informativa

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MEDIANÁLISIS. La mutación cultural de los medios y las mediaciones saturadas en la era digital proyecta un horizonte sobrecogedor de incertidumbres y contradictorias dinámicas que amenazan la democracia y la propia pervivencia de la humanidad. Desde la Inteligencia Artificial a la proliferación de nuevos dispositivos de dominio, de la infodemia al déficit democrático en los modelos de acceso y organización, los síntomas de la crisis de confianza en el dominio público dan cuenta de un malestar generalizado que afecta a las condiciones mismas de la reproducción social. La trama de relaciones de producción que favorece la apropiación corporativa de la expresión pública determina un proceso de control ideológico, propio del capitalismo de vigilancia, que restringe las libertades públicas y conculca derechos fundamentales como el Derecho a la Comunicación. La dialéctica de la información y el poder exigen, en congruencia, un análisis crítico de la coyuntura que esclarezca la infocracia tecnofeudalista a fin de vislumbrar alternativas de futuro y ensayar utopías digitales de progreso. Este libro es una aproximación exploratoria de los principales debates contemporáneos de la comunicación, escrito al cabo de la calle: entre el periodismo, la insumisa lectura radical de la historia y la política de los comunes.